Breve reflexión sobre el vínculo terapéutico en el proceso online.
La relación entre la persona que acude en busca de ayuda y la profesional es fundamental en el proceso terapéutico, siendo condición fundamental para que el/la paciente pueda realmente afrontar sus problemáticas y atravesar las diferentes fases del proceso. Considero imposible el trabajo terapéutico sin un buen vínculo entre ambas partes que permita la total confianza, apertura y compromiso con la terapia.
Con el avance de la tecnología y el auge de la atención psicológica a través de plataformas digitales, una de las mayores dudas que ha surgido es si en un proceso online es posible la consecución de un adecuado vínculo terapéutico. Mi respuesta es un absoluto y rotundo sí. Como profesionales de la salud mental, cuando nos encontramos ante una persona que acude a nosotras en busca de ayuda para superar problemáticas de corte emocional/psicológico, aquello que va a posibilitar un adecuado vínculo terapéutico es la calidad de la escucha y la comprensión del sufrimiento que se nos presenta, no si nos encontramos físicamente en la misma sala.
Resulta obvio que la presencialidad física permite una cercanía y espacio compartido de seguridad que, en muchas ocasiones, son un gran aliado en la creación y mantenimiento de la relación terapéutica. A pesar de ello, es importante que no confundamos los factores facilitadores del vínculo con aquellos determinantes. El espacio online permite que la persona pueda realizar la sesión en un ambiente considerado seguro y en las condiciones y horarios que mejor se adapten a sus necesidades, requiriendo del otro lado una interlocutora capaz de una escucha sincera y unas aptitudes adecuadas para guiar el proceso y hacer sentir a la persona segura para atravesar sus dificultades y encontrar sus propias estrategias de afrontamiento. A fin de cuentas, el vínculo no se estabiliza y asegura a causa de un espacio acogedor donde se puede estar sentado con la terapeuta, sino cuando se siente que la profesional que está delante puede acompañar, sostener y guiar el proceso que permite el autoconocimiento y afrontamiento de las problemáticas que tanto sufrimiento hacen sentir a las personas que acuden en busca de ayuda a través de los espacios de psicoterapia.
A pesar de que puedan existir criterios clínicos que indiquen una preferencia o incluso una necesidad entre un proceso presencial u online, siempre será determinante la experiencia individual de cada paciente; es decir, podemos encontrarnos con casos en los que un paciente requiera de un tratamiento presencial pero que no sea capaz del mismo o no lo tenga a su alcance y viceversa. Estar a la altura de este reto es una obligación hoy para nosotras como terapeutas.

Cómo hacer posible el vínculo terapéutico en los procesos online
En un mundo marcado por los cambios, donde el principal medio de socialización de las personas son las redes sociales, es importante que la psicoterapia pueda formar parte de esta forma de vinculación. Los procesos online permiten no sólo estar presentes en una de las formas de relación principales hoy y, por lo tanto, comprender de una forma directa las ventajas e inconvenientes de dicho tipo de vinculación, sino que nos permiten poner la tecnología de nuestro lado para conseguir que la ayuda psicológica llegue a más personas; bien porque no se sienten cómodas en un proceso presencial o les resulta demasiado violento o bien porque su situación laboral y/o geográfica no les da la posibilidad de acudir a un espacio físico compartido. En situaciones como esta, poder contar con una profesional cualificada que te acompañe allí donde más lo necesitas y en la forma en que te es posible, es diferencial.
Pensemos por un momento en la situación laboral hoy. Es muy difícil ver personas que pasan su vida en una misma empresa o en un mismo espacio geográfico. Los cambios laborales más o menos continuados así como los desplazamientos temporales por trabajo son una realidad más que conocida y normalizada hoy. En este tipo de situaciones saber que cuentas con tu terapeuta estés donde estés, a pesar de los cambios, es algo que genera seguridad y compromiso en el proceso terapéutico. Generar un vínculo seguro donde la persona se pueda sentir en total intimidad con la profesional con la que se encuentra en terapia es algo que lleva tiempo y que supone una apertura donde se comparte una vulnerabilidad tan grande que no es fácil de realizar si la movilidad o flexibilidad horaria obligan a un cambio frecuente de terapeuta.
Teniendo en cuenta esa libertad de elección y esa escucha sincera hacia los pacientes que mencionaba en el primer apartado de este texto, la relación terapéutica se tiene que generar entre las dos personas que se encuentran en el proceso y el mayor de los desafíos que tenemos que enfrentar a ese respecto es el de generar un espacio de comprensión, acompañamiento y confianza totalmente sólidos, como para que las personas que vienen en busca de ayuda sientan que no se encuentran solos en el afrontamiento de sus peores y más complicadas dificultades; esas que no es posible abordar sin ayuda y tampoco con el acompañamiento de aquellas personas de su vida que más les quieren y a las que más aprecian.
Unido a lo anteriormente mencionado, no podemos olvidar que el vínculo terapéutico también está condicionado por el enfoque terapéutico y las formas de vinculación de la terapeuta, ya que estos deben encajar con las necesidades y el tipo de proceso que necesita la persona que acude en busca de ayuda profesional. No podemos confundir ciertas resistencias al propio proceso con un problema en la vinculación terapéutica. En este sentido está también en manos de la profesional realizar un buen análisis del vínculo terapéutico y poder aceptar a qué personas se puede atender y con cuáles es importante dejar claro que hay un problema en la vinculación y eso no permite la atención. Los vínculos terapéuticos así como cualquier otro tipo de vínculo social involucran a ambas partes. No solamente es responsabilidad del paciente tener claro si la profesional que tiene delante le permite sentir la confianza y seguridad necesarias para enfrentarse a sus problemas, sino que la profesional debe ser muy honesta a este respecto y tener claro el límite terapéutico en función de la vinculación con cada paciente.

Necesidades suplementarias y acciones que permiten el vínculo a distancia.
No estar presente en la misma habitación con la persona a la que estás atendiendo no permite reforzar vínculo a través del propio espacio físico y tampoco nos da la posibilidad de reconfortar físicamente a la persona. Estos son dos aspectos que es importante tener en cuenta y a los que hay que prestar atención a la hora de trabajar el vínculo terapéutico en los procesos online. En primer lugar, esto nos tiene que servir como factor para determinar si la persona puede o no participar en un proceso terapéutico online. En segundo lugar, y no por ello menos importante, debemos estar atentas a las estrategias a seguir y a aquellas acciones que pueden ayudar a asentar y reforzar el vínculo terapéutico cuando el proceso es en línea.
Partiendo de la base de que el encuentro se produce a través de aplicaciones que permiten las videollamadas, a través de las cuales se llevan a cabo las sesiones de psicoterapia, considero fundamental que pueda establecerse un vínculo de conexión para una comunicación fluida entre sesiones, al que las personas puedan recurrir en caso de necesidad. Redes sociales como por ejemplo, WhatsApp, nos permiten tener un contacto más directo con la persona y cumplir la función de ampliar el espacio de comunicación privado para poder intercambiar información. Pero, sobre todo, le dan un lugar a la persona donde sentir que la profesional que la acompaña puede estar disponible, en el formato y con las reglas establecidas, en los momentos de mayor crisis y/o necesidad. Una de las ventajas mencionadas con respecto a los procesos online es que las personas los pueden llevar a cabo desde donde les venga mejor y sin tener que desplazarse. Esto supone que si tenemos pacientes que por su proceso pueden llegar a necesitar varias sesiones a la semana o en un momento puntual requieren de una sesión extra, la posibilidad de agendar citas es más fácil y rápida, sobre todo si la vinculación y el intercambio comunicativo fuera de las sesiones es lo bastante fluido. Llegados a este punto, me gustaría aclarar que esto que propongo no tiene nada que ver con que no haya reglas marcadas con respecto al encuadre terapéutico y tampoco significa que tengamos que estar las veinticuatro horas disponibles y conectadas con nuestros pacientes. Considero fundamental un encuadre terapéutico claro y preciso, así como unos límites adecuadamente marcados con respecto a la relación terapéutica. Ahora bien, creo firmemente que esto no está reñido en absoluto con la posibilidad de una comunicación flexible y de un acompañamiento que se adapte en mayor medida a las necesidades del proceso terapéutico y sobre todo del vínculo entre terapeuta y paciente.
Siempre hablo desde mi experiencia terapéutica, tanto por los procesos que he llevado a cabo como por aquellos que actualmente siguen en curso. Si algo me ha enseñado mi práctica profesional en los procesos online, los cuales llevo realizando desde hace más de cinco años, es que aquello que refuerza el vínculo terapéutico es que la profesional pueda estar disponible en el acompañamiento al paciente tanto en la sesión como fuera de ella en los momentos de necesidad sin que esto signifique el “todo vale” o que el proceso esté carente de reglas y límites.
Otro aspecto importante que ayuda a reforzar los vínculos terapéuticos en los procesos online es que las personas que acuden al mismo nos pueden hacer partícipes de lugares y objetos de gran relevancia para ellas y, por tanto, para el proceso. El ejemplo más importante que me gustaría compartir a este respecto es la posibilidad de que la persona pueda llevar a cabo las sesiones no solamente en un lugar que le ayuda o que le resulta relevante para lo que quiere trabajar, sino que puede hacerlas acompañada de su mascota, algo que, sobre todo en los comienzos del proceso, puede ayudar al aumento del sentimiento de seguridad y bienestar. En los procesos online se reduce, inevitablemente, una parte del lenguaje no verbal pero también podemos ganar mucha información en cuanto a factores como puede ser la forma de relacionarse con sus mascotas, por continuar con el ejemplo, o el espacio elegido para las sesiones y el vínculo con el mismo. En el proceso presencial la persona trae al proceso a través de sus descripciones lugares y relaciones importantes para ella, mientras que en el proceso online muchas veces tenemos la oportunidad de compartir eses espacio con la persona en el momento y observar la relación de esta con el mismo. Esto es algo que no puede pasar desapercibido y que es importante que utilicemos sobre todo en relación al vínculo terapéutico.
La intimidad a la que está expuesta de entrada la persona en el proceso online puede parecer inferior a nivel físico, pero la realidad es que en el nivel contextual se dispara, algo que debemos tener muy en cuenta y ser capaces de manejar tanto para una buena relación terapéutica como para un buen uso de la misma en el proceso terapéutico.

Conclusión
Desde lo que he aprendido, tanto en mi formación como en mi práctica clínica, debo afirmar que no existe proceso terapéutico y posibilidad de afrontamiento y superación de problemáticas psicológicas y emocionales sin que exista una adecuada vinculación terapeuta-paciente. Me atrevería incluso a afirmar que por muy bien que se aborde el proceso es imposible que el trabajo realizado genere resultados favorables sin la vinculación de la que llevo hablando durante esta reflexión, es decir, el vínculo terapéutico.
Por otro lado, considero fundamental que como profesionales tengamos muy clara la diferencia entre aquellos aspectos que son fundamentales para que exista dicho vínculo, y aquellos meramente reforzadores del mismo. Entre los primeros hemos destacado los siguientes: calidad de la escucha, comprensión y acompañamiento de la problemática y el sufrimiento asociado, el tipo de enfoque terapéutico, así como de las formas de vinculación de la profesional y la coincidencia de estas con las necesidades terapéuticas del/la paciente. No olvidemos que aunque los factores reforzadores del vínculo son muy importantes, no tienen sentido si no se dan dentro de una relación terapéutica creada y asentada adecuadamente.
Podemos decir, llegados a este punto, que lo más importante no es hablar de si el proceso debe ser presencial u online, dado que eso debe adecuarse a las necesidades del paciente y a las posibilidades materiales y geográficas. Lo que verdaderamente es importante es que quede claro que como profesionales está en nuestra mano no perder de vista la gran importancia de la relación terapeuta-paciente y como esta va a marcar la posibilidad de realización exitosa del proceso terapéutico.